Repaso EMT Mayo-Junio 2014 | Referencias

Otro bimestre que se vá, y te traemos las referencias para el repaso de la Escuela del Ministerio Teocrático correspondiente a los meses de Mayo a Junio del 2014.

Como siempre, te recordamos que esta recopilación no contiene respuestas preparadas sino las referencias para que tu en tus propias palabras prepares un buen comentario, basándote en estas sugerencias.

 

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Repaso del EMT Mayo-Junio 2014 | En línea

1. ¿Por qué es tan importante seguir el principio de Éxodo 23:2 al decidir cómo entretenernos? [5 de mayo, w11 15/7 págs. 10, 11 párrs. 3-7.]

“No debes seguir tras la muchedumbre”

3 Supongamos que ya hemos iniciado el viaje. ¿Qué haremos si no estamos seguros de por dónde debemos continuar? Quizás veamos a muchos conductores tomando cierta salida y nos sintamos tentados a ir detrás de ellos. Pero es peligroso tomar un rumbo tan solo porque lo haga la mayoría. No todos los conductores van a ir al mismo lugar que nosotros, ni tampoco tienen por qué conocer bien la zona. Este ejemplo nos enseña una lección. Se trata de un principio que extraemos de una de las leyes que Jehová dio a Israel. A cada persona que fuera a servir de testigo o juez en un tribunal, Dios le dijo: “No debes seguir tras la muchedumbre” (léase Éxodo 23:2). ¿Por qué hizo esta advertencia? Porque sabía que, debido a la imperfección, es fácil ceder a las presiones de la gente y cometer una injusticia. Claro, la norma de no seguir ciegamente a los demás no solo es aplicable a los procesos judiciales, sino a cualquier situación de la vida.

4 La verdad es que las presiones para seguir a la mayoría se presentan en casi todas las circunstancias. Además, pudieran aparecer de forma repentina y ser difíciles de resistir. Pensemos, por ejemplo, en lo que les sucedió a Josué y Caleb. Los dos habían formado parte de un grupo de doce hombres que había estado espiando la Tierra Prometida. Los otros diez dieron un informe muy negativo y desalentador. Hasta aseguraron que habían visto gigantes que descendían de los nefilim, o sea, de los hijos que habían tenido los ángeles rebeldes con las mujeres (Gén. 6:4). ¡Qué disparate! Aquellos seres híbridos no solo no habían tenido hijos, sino que habían muerto siglos antes en el Diluvio. Este ejemplo ilustra que, cuando las personas están débiles en la fe, pueden aceptar las ideas más absurdas. Así les sucedió a los israelitas: los rumores de los diez espías los llenaron de pánico. Tanto es así que la mayoría pensó que sería un error hacer caso a Jehová y entrar en la Tierra Prometida. ¿Qué harían Josué y Caleb en esas circunstancias tan tensas? (Núm. 13:25-33.)

5 Aquellos dos hombres no se dejaron arrastrar por los demás. Aunque la gente no quiso escucharlos e incluso amenazó con apedrearlos, ellos defendieron la verdad. ¿Qué les permitió ser tan valientes? Sin duda, la fe. Y es que cuando uno tiene fe, ve muy clara la diferencia entre las santas promesas de Jehová y las afirmaciones sin fundamento de los hombres. De hecho, Josué y Caleb expresaron más tarde su satisfacción al ver que Dios había cumplido todo lo que había jurado hacer (léanse Josué 14:6, 8 y 23:2, 14). Eran dos hombres devotos y nunca se les habría ocurrido ofender a Jehová por complacer a aquella multitud incrédula. Por eso, se mantuvieron firmes en su postura. ¡Qué ejemplo para todos nosotros! (Núm. 14:1-10.)

6 ¿Nos hemos sentido alguna vez empujados a ceder ante la opinión popular? Hoy, la gran mayoría de las personas no respetan a Jehová ni sus normas, como se refleja, por ejemplo, en su actitud hacia el entretenimiento. No son pocos los que caen en el error de afirmar que la inmoralidad, la violencia y el ocultismo que inundan la televisión, el cine y los videojuegos son del todo inofensivos (2 Tim. 3:1-5). Ahora bien, preguntémonos: “Cuando elijo las diversiones en las que mi familia o yo participaremos, ¿dejo que la sociedad actual, con su ley del ‘todo vale’, influya en mis decisiones y en mi conciencia?”. Si así fuera, estaríamos pasando por alto el consejo de “no […] seguir tras la muchedumbre”.

7 Jehová nos ha hecho un extraordinario regalo para que podamos tomar buenas decisiones: nuestras “facultades perceptivas”. La Biblia usa esta expresión para referirse a la capacidad que tenemos de reflexionar sobre los asuntos y distinguir entre lo bueno y lo malo. Para que estas facultades funcionen como es debido, hay que entrenarlas “mediante el uso” (Heb. 5:14). Ahora bien, esto no se logra copiando a los demás sin pensar, ni tampoco aferrándose a una serie de reglas rígidas en asuntos que cada uno debe decidir según su conciencia. Por esta razón, los testigos de Jehová no publicamos ninguna lista de películas, libros o páginas de Internet que deban evitarse. Además, el mundo cambia tan rápido que cualquier lista se quedaría anticuada a los pocos minutos de salir (1 Cor. 7:31). Y, lo que es peor, una lista así nos privaría de hacer algo muy necesario: examinar los principios bíblicos, pedirle ayuda a Dios y luego tomar decisiones que le agraden (Efe. 5:10).

2. ¿Cuánta importancia tenía el mandamiento de que los sacerdotes se lavaran antes de ofrecer sacrificios a Jehová? ¿Por qué eso es un serio recordatorio para los siervos de Dios hoy en día? (Éx. 30:18-21.) [19 de mayo, w96 1/7 pág. 9 párr. 9.]

9 El tabernáculo también tenía un patio, limitado por una valla de telas. En él había una gran palangana, donde los sacerdotes se lavaban las manos y los pies antes de entrar en el Santo y antes de ofrecer los sacrificios sobre el altar situado en el patio. (Éxodo 30:18-21.) Este requisito de limpieza constituye un enérgico recordatorio a los siervos modernos de Dios de que deben procurar al máximo mantener la pureza física, moral, mental y espiritual si desean que su adoración sea grata a Dios. (2 Corintios 7:1.) Con el tiempo, el suministro de la leña para el fuego del altar y del agua para la palangana estuvo a cargo de esclavos del templo no israelitas. (Josué 9:27.)

3. ¿Por qué no se castigó a Aarón por haber hecho el becerro de oro? (Éx. 32:1-8, 25-35.) [19 de mayo, w04 15/3 pág. 27 párr. 4.]

32:1-8, 25-35. ¿Por qué no se castigó a Aarón por haber hecho el becerro de oro? En su corazón, Aarón no estaba de acuerdo con la adoración idolátrica. Posteriormente se unió a sus compañeros levitas al ponerse a favor de Dios y en contra de los que se opusieron a Moisés. Después que se destruyó a los culpables, Moisés recordó a los israelitas que ellos habían cometido un grave pecado, lo que indica que otros además de Aarón recibieron la misericordia de Jehová.

4. ¿Qué relación hay entre la ley divina que prohibía a los israelitas casarse con gente que adoraba a otros dioses y el enfoque cristiano sobre el noviazgo y el matrimonio? (Éx. 34:12-16.) [26 de mayo, w89 1/11 págs. 20, 21 párrs. 11-13.]

1 El prestar atención a la advertencia bíblica también nos protege de las dolorosas consecuencias que suelen resultar de que un cristiano o una cristiana se una bajo yugo con una persona incrédula. Por ejemplo, es posible que la persona incrédula aparte al cónyuge cristiano de servir a Jehová. Considere la advertencia que Jehová dio al Israel de la antigüedad. Se prohibieron las alianzas matrimoniales con personas que no adoraban a Jehová. ¿Por qué? “Porque él apartará a tu hijo de seguirme —advirtió Jehová—, y ellos ciertamente servirán a otros dioses.” (Deuteronomio 7:3, 4.) Ante la oposición de un cónyuge incrédulo, puede que haya la tendencia a dejarse llevar por el camino que requiere menos esfuerzo. Es fácil pensar: ‘¡No me va a suceder a mí!’. Pero le ocurrió a un hombre tan sabio como Salomón. ¿No podría sucederle a usted? (1 Reyes 11:1-6; compárese con 1 Reyes 4:29, 30.)

12 Aunque no se apartara al creyente de la adoración verdadera, todavía quedan los problemas y las presiones que muchas veces se ven en un hogar donde hay división religiosa. Considere de nuevo la ley de Dios a Israel. Suponga que una israelita accediera a casarse con un cananeo. En vista de las prácticas sexuales comunes en la tierra de Canaán, ¿qué respeto le tendría aquel hombre a la ley del Dios de ella? Por ejemplo, ¿se abstendría voluntariamente de las relaciones sexuales durante la menstruación de ella, como lo requería la Ley de Moisés? (Levítico 18:19; 20:18; compárese con Levítico 18:27.) En el caso de un israelita que se casara con una cananea, ¿cuánto lo apoyaría ella cuando él viajara a Jerusalén tres veces al año para asistir a las fiestas periódicas? (Deuteronomio 16:16.) Es obvio que la ley de Dios que prohibía ese tipo de matrimonios servía de protección para los israelitas.

13 ¿Qué hay de la actualidad? Las normas morales de los mundanos difieren muchísimo de las de la Biblia. Prescindiendo de lo decentes que pudieran parecer algunos mundanos, no tienen una conciencia cristiana, educada por la Biblia. No han pasado años estudiando la Palabra de Dios, “rehaciendo su mente” y ‘desnudándose de la vieja personalidad’. (Romanos 12:2; Colosenses 3:9.) Por consiguiente, el cristiano o la cristiana que se pone bajo el yugo del matrimonio con una persona incrédula suele exponerse a mucha angustia y dolor. Algunos se encaran muchas veces a la presión de participar en prácticas sexuales pervertidas o de celebrar días de fiesta mundanos. Y otros hasta se quejan de la soledad. Como escribió una hermana: “La soledad que siente el que está casado con alguien que no ama a Jehová es la peor soledad imaginable. Esto se debe a que no se tiene a nadie con quien compartir la verdad, que es lo más importante en la vida de uno”.

5. ¿Por qué nos anima de manera especial el caso de Bezalel y Oholiab? (Éx. 35:30-35.) [26 de mayo, w10 15/9 pág. 10 párr. 13.]

Pidamos espíritu santo

13 Pero ¿qué hay si nos sentimos incapaces de aceptar cierta posición de servicio o participar en el ministerio? En ese caso, debemos pedirle a Jehová que nos conceda su espíritu, el cual potenciará nuestras habilidades (léase Lucas 11:13). Con su fuerza activa, él capacita a sus siervos para que cumplan con cualquier labor o asignación, independientemente de su experiencia y sus circunstancias del pasado. Por ejemplo, muy poco después de la salida de Egipto, el espíritu santo fortaleció a simples pastores y esclavos, sin ninguna formación militar, para que lograran derrotar a los ejércitos enemigos (Éxo. 17:8-13). No mucho más tarde, el mismo espíritu facultó a Bezalel y Oholiab para que ejecutaran los detallados planos del tabernáculo que Dios había revelado (Éxo. 31:2-6; 35:30-35).

6. ¿Cómo servía de recordatorio “la santa señal de dedicación” que llevaba el sumo sacerdote en el turbante? ¿Qué nos enseña esa señal con respecto a la dedicación? (Éx. 39:30.) [2 de jun., w01 1/2 pág. 14 párrs. 2, 3.]

2 Ahora bien, ¿qué significa dedicación en el sentido bíblico? Dedicar traduce un verbo hebreo que significa “mantener separado; estar separado; retirar”. En el antiguo Israel, el sumo sacerdote Aarón llevaba en el turbante “la santa señal de dedicación”, una lámina resplandeciente de oro puro en la que figuraba en hebreo la inscripción “La santidad pertenece a Jehová”. Esa señal recordaba al sumo sacerdote que debía evitar todo lo que profanara el santuario, “porque la señal de la dedicación, el aceite de la unción de su Dios, [estaba] sobre él” (Éxodo 29:6; 39:30; Levítico 21:12).

3 De este relato se desprende que la dedicación es algo importante. Implica presentarse voluntario para servir a Dios, y exige una conducta limpia. Por tanto, comprendemos por qué razón citó el apóstol Pedro estas palabras de Jehová: “Tienen que ser santos, porque yo soy santo” (1 Pedro 1:15, 16). Los cristianos dedicados tenemos la enorme responsabilidad de cumplir con nuestra dedicación y de ser fieles hasta el fin. Pues bien, ¿qué conlleva la dedicación cristiana? (Levítico 19:2; Mateo 24:13.)

7. ¿Qué obligación tenemos todos los cristianos con relación a informar una falta grave cometida por otro cristiano? (Lev. 5:1.) [9 de jun., w97 15/8 pág. 27.]

¿De quién es la obligación?

Cuando los ancianos saben de un mal grave, abordan a la persona implicada para darle la ayuda y la corrección necesarias. Es su obligación juzgar a tales personas dentro de la congregación cristiana. Se mantienen vigilantes con respecto a la condición espiritual de esta, y ayudan y amonestan a todo el que da un paso imprudente o incorrecto. (1 Corintios 5:12, 13; 2 Timoteo 4:2; 1 Pedro 5:1, 2.)

Ahora bien, ¿qué ocurre si no somos ancianos y nos enteramos de que otro cristiano ha cometido un mal grave? Las pautas se encuentran en la Ley que Jehová dio a la nación de Israel. Esta decía que si una persona era testigo de acciones apóstatas, sedición, asesinato u otros delitos graves, tenía el deber de informarlo y testificar sobre lo que sabía. Levítico 5:1 dice: “Ahora bien, en caso de que peque un alma por cuanto ha oído maldecir en público y es testigo, o lo ha visto o ha llegado a saber de ello, si no lo informa, entonces tiene que responder por su error”. (Compárese con Deuteronomio 13:6-8; Ester 6:2; Proverbios 29:24.)

Aunque hoy los cristianos no estamos bajo la Ley mosaica, podemos guiarnos por sus principios subyacentes. (Salmo 19:7, 8.) Por tanto, ¿qué deberíamos hacer si nos enteráramos de que un compañero cristiano ha cometido un mal grave?

Cómo obrar

En primer lugar, es importante que exista una razón válida para creer que realmente ha habido un mal grave. “No llegues a ser testigo contra tu semejante sin base —dijo el sabio—. Entonces tendrías que ser tonto con tus labios.” (Proverbios 24:28.)

Tal vez decidamos ir directamente a los ancianos. No está mal hacerlo, aunque por lo general el proceder más amoroso es abordar a la persona implicada. Quizá los hechos no sean lo que parecen. O puede que los ancianos ya estén tratando la situación. Hable calmadamente del asunto con la persona. Si sigue habiendo razón para creer que se ha cometido un mal grave, anímela a pedir ayuda a los ancianos y explíquele por qué es sabio hacerlo. No hable a otros del asunto, pues estaría chismeando.

En caso de que la persona no lo informe a los ancianos en un período razonable, entonces nosotros debemos hacerlo. Luego, uno o dos ancianos hablarán del asunto con el acusado. Los ancianos tienen que “escudriñar e investigar e inquirir cabalmente” para asegurarse de que se ha cometido un mal. Si es así, se ocuparán del caso conforme a las directrices bíblicas. (Deuteronomio 13:12-14.)

Se requieren al menos dos testigos para probar la acusación de que ha cometido un pecado. (Juan 8:17; Hebreos 10:28.) Si la persona lo niega y solo se cuenta con nuestro testimonio, se deja el caso en manos de Jehová. (1 Timoteo 5:19, 24, 25.) Se actúa así sabiendo que todas las cosas están “abiertamente expuestas” a Jehová y que si la persona es culpable, con el tiempo sus pecados la ‘alcanzarán’. (Hebreos 4:13; Números 32:23.)

Ahora bien, supongamos que la persona niega la acusación y que somos los únicos testigos en su contra. ¿Nos arriesgamos entonces a que se nos acuse de calumnia? No, a menos que hayamos hablado del asunto con quienes no tienen nada que ver en él. No es calumnia informar de las condiciones que afectan a la congregación a quienes tienen la autoridad y el deber de supervisar y corregir los asuntos. De hecho, está en armonía con nuestro deseo de hacer siempre lo que es correcto y leal. (Compárese con Lucas 1:74, 75.)

8. ¿Qué propósito sobresaliente tenían los sacrificios de comunión en los tiempos de la antigua nación de Israel? ¿Qué simbolizan en nuestros días? (Lev. 7:31-33.)

[16 de jun., w12 15/1 pág. 19 párrs. 11, 12.]

11 La Ley mosaica también estipulaba que los fieles hicieran sacrificios de comunión como muestra de que estaban en paz con Jehová. Tanto ellos como sus familias comían la carne de los animales, a menudo en los comedores del templo. También recibían porciones el sacerdote que oficiaba y los demás que se hallaban de servicio (Lev. 3:1, nota; 7:31-33). Lo único que se pretendía con estos sacrificios era gozar de una buena relación con Dios. Era como si el adorador, su familia, los sacerdotes y Jehová celebraran un banquete juntos y en paz.

12 ¿Podía haber un mayor privilegio que, por decirlo así, invitar a Jehová a una comida y que él aceptara? Como es lógico, quienes fueran los anfitriones querrían ofrecerle lo mejor a tan ilustre huésped. Los sacrificios de comunión, como parte de la armazón de la verdad que hallamos en la Ley, apuntaban a una realidad mayor: gracias al sacrificio de Jesús, todos los seres humanos tienen la oportunidad de entrar en una relación pacífica con su Creador. En la actualidad, quienes le sacrifican a Dios de buena gana sus energías y recursos disfrutan de una estrecha amistad con él.

9. ¿Qué puede haber implicado el pecado de Nadab y Abihú, los hijos de Aarón? ¿Qué lecciones aprendemos de ese relato? (Lev. 10:1, 2, 9.)

[23 de jun., w04 15/5 pág. 22 párrs. 6-8.]

10:1, 2. ¿Qué puede haber implicado el pecado de Nadab y Abihú, los hijos de Aarón? Poco después de que Nadab y Abihú obraron impropiamente al efectuar sus deberes sacerdotales, Jehová prohibió a los sacerdotes que usaran vino o licor embriagante mientras servían en el tabernáculo (Levítico 10:9). Eso da a entender que los dos hijos de Aarón tal vez estaban bajo los efectos del alcohol durante la ocasión aquí mencionada. Sin embargo, la razón por la que murieron fue porque ofrecieron “fuego ilegítimo, que [Jehová] no les había prescrito”.

Lecciones para nosotros:

10:1, 2. Hoy día, los siervos de Jehová responsables tienen que cumplir con los requisitos divinos. Además, no deben ser insolentes al encargarse de sus obligaciones.

10:9. Nadie debe realizar deberes que le haya dado Dios si está bajo los efectos del alcohol.

10. ¿Por qué se volvía “inmunda” la mujer como resultado del parto? (Lev. 12:2, 5.)

[23 de jun., w04 15/5 pág. 23 párr. 2.]

12:2, 5. ¿Por qué se volvía “inmunda” la mujer como resultado del parto? Los órganos reproductivos fueron hechos para transmitir vida humana perfecta. No obstante, en vista de los efectos heredados del pecado, lo que se transmitió fue vida imperfecta y pecaminosa. Los períodos temporales de ‘inmundicia’ relacionados con el parto, así como la menstruación y las emisiones seminales, recordaban esta herencia pecaminosa (Levítico 15:16-24; Salmo 51:5; Romanos 5:12). Las disposiciones reglamentarias de purificación ayudaban a los israelitas a comprender la necesidad de un sacrificio redentor para cubrir el pecado de la humanidad y devolverle la perfección. Por eso, la Ley llegó a ser su “tutor que [los condujo] a Cristo” (Gálatas 3:24).

Lea las referencias, resúmalas y prepare un comentario en sus propias palabras. J

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