¿Cuál es la lección? Hechos 16:19-40 | Información

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*** bt cap. 16 “Pasa a Macedonia y ayúdanos” ***

“La muchedumbre se levantó […] contra ellos” (Hechos 16:16-24)

10 Podemos estar seguros de que Satanás se puso como una furia viendo que las buenas nuevas echaban raíces en una región controlada hasta entonces por sus huestes. No es de extrañar que la actividad diabólica entrara en juego para detener el avance de los misioneros. Efectivamente, durante sus visitas al lugar de oración, los siguió una sirvienta que estaba poseída. Aquella joven, que con sus predicciones cubría de oro a sus amos, no dejaba de gritar: “Estos hombres son esclavos del Dios Altísimo, los cuales les están publicando el camino de la salvación”. ¿Por qué la obligaría un ángel malo a hacer tales exclamaciones? ¿Sería para crear confusión, dando a entender que sus vaticinios tenían el mismo origen que las enseñanzas de los cristianos verdaderos y distrayendo así a la gente para que no los escuchara? Sea como fuere, Pablo la hizo callar librándola de aquel demonio (Hech. 16:16-18).

11 Al enterarse los amos de la esclava de que habían perdido esa fuente de dinero fácil, montaron en cólera. Arrastraron a Pablo y Silas hasta el mercado, donde celebraban sus sesiones los magistrados designados por Roma. Apelando a los prejuicios y al patriotismo de los jueces, señalaron que esos judíos sembraban la confusión difundiendo doctrinas intolerables para cualquier ciudadano romano. Los resultados no se hicieron esperar: “La muchedumbre [del mercado] se levantó a una contra ellos; y los magistrados civiles […] dieron el mandato de que los golpearan con varas”. Tras esto, los entregaron al carcelero, quien “los echó en la prisión interior y les aseguró los pies en el cepo” (Hech. 16:19-24). En aquel calabozo estaría tan oscuro, que Pablo y Silas apenas podrían verse las caras. Pero Jehová lo estaba viendo todo (Sal. 139:12).

12 Años antes, Jesús había dicho a sus seguidores: “A ustedes también los perseguirán” (Juan 15:20). Por eso, cuando Pablo y los suyos llegaron a Macedonia, estaban preparados para afrontar el antagonismo de la gente. No vieron las hostilidades como muestra del desagrado de Jehová, sino como prueba de la cólera del Diablo. Hoy, los agentes del Maligno recurren a medios semejantes. Difunden engaños acerca de nosotros con la intención de avivar la oposición en la escuela y el lugar de trabajo. Además, en algunos países, los enemigos religiosos nos acusan en los tribunales de crear disturbios enseñando doctrinas inaceptables para los “creyentes de toda la vida”. Y hay lugares donde llegan a maltratarnos y encarcelarnos. Pero, como en el pasado, Jehová está viendo lo que sucede (1 Ped. 3:12).

“Bautizados sin demora” (Hechos 16:25-34)

13 A los dos nuevos reclusos tuvo que tomarles un tiempo asimilar el torbellino de sucesos del día. A eso de la medianoche, ya se habían recuperado de la agresión, al punto de que “estaban orando y alabando a Dios con canción”. De golpe, un temblor sacudió la prisión. El carcelero despertó sobresaltado, vio que las puertas estaban abiertas y pensó que se habían fugado los presos. Sabiendo que lo castigarían por haber permitido la huida, “desenvainó su espada y estaba a punto de quitarse la vida”. Pero Pablo le gritó: “¡No te hagas ningún daño, porque todos estamos aquí!”. El angustiado oficial les preguntó: “Señores, ¿qué tengo que hacer para salvarme?”. Pablo y Silas le indicaron que la solución no estaba en ellos y le mostraron a quién tenía que acudir: “Cree en el Señor Jesús y serás salvo” (Hech. 16:25-31).

14 ¿Era una pregunta sincera? Parece que sí, pues el apóstol no puso en duda la actitud de aquel hombre. Pero como se trataba de un pagano que no conocía las Escrituras, tenía que aprender las verdades bíblicas fundamentales y aceptarlas de todo corazón si quería hacerse cristiano. Por eso, Pablo y Silas “le hablaron la palabra de Jehová”. Absortos en la exposición de la Biblia, probablemente se olvidaron del dolor de las heridas. Sin embargo, el nuevo discípulo observó las profundas cortaduras en sus espaldas y se puso a limpiárselas. Luego, “él y los suyos, fueron bautizados sin demora”. ¡Qué bendición habían recibido los dos misioneros por haber afrontado la persecución con gozo! (Hech. 16:32-34.)

15 Al igual que Pablo y Silas, muchos hermanos de la actualidad han predicado el mensaje mientras estaban encarcelados por su fe. Y también han tenido buenos resultados. Por ejemplo, en una encuesta realizada en un país donde estaban prohibidas nuestras actividades, el 40% de los Testigos señaló que habían aprendido la verdad en prisión (Isa. 54:17). Por otro lado, tal como el carcelero aceptó las buenas nuevas después del terremoto, algunas personas responden al mensaje cuando ven que su pequeño mundo es sacudido por un suceso desagradable. Por eso, debemos visitarlas vez tras vez para estar siempre a su disposición.

“¿Y ahora nos echan fuera secretamente?” (Hechos 16:35-40)

16 A la mañana siguiente, los magistrados ordenaron la puesta en libertad de los dos cristianos. Pero Pablo protestó: “Nos fustigaron públicamente sin ser condenados, a nosotros que somos hombres romanos, y nos echaron en la prisión; ¿y ahora nos echan fuera secretamente? ¡No, por cierto!, antes, que vengan ellos mismos y nos saquen”. Al enterarse de que habían castigado a dos ciudadanos romanos, los magistrados “tuvieron temor”, pues habían atentado contra sus derechos. La situación había dado un giro de 180 grados. Los habían azotado en público, y en público tuvieron que disculparse. Así que fueron a suplicarles que se marcharan de Filipos. Ellos accedieron, aunque primero animaron al creciente grupo de discípulos.

17 Puede que Pablo y Silas se hubiesen ahorrado los golpes de haber hecho valer sus derechos antes (Hech. 22:25, 26). Sin embargo, los nuevos creyentes se habrían quedado con la impresión de que utilizaron su ciudadanía para no sufrir por Cristo. ¿Y cómo se habrían sentido los que no tenían ese privilegio? A fin de cuentas, la ley no los eximía a ellos de ser azotados. Así que, al aguantar el abuso, los dos misioneros mostraron a todos que los siervos de Dios pueden mantenerse firmes ante la persecución. Además, al exigir posteriormente el reconocimiento de su condición de ciudadanos, obligaron a los magistrados a dejar constancia en las actas de que habían actuado contra la ley, lo que podría disuadirlos de cometer más atropellos contra los cristianos filipenses, que hasta cierto punto gozarían de protección legal.

18 Hoy, los superintendentes cristianos también enseñan con el ejemplo. Están dispuestos a hacer lo mismo que esperan de sus hermanos. Además, todos los cristianos, al igual que Pablo, evaluamos con cuidado la forma y el momento en que utilizaremos nuestros derechos legales para recibir protección. Cuando es necesario, recurrimos a los tribunales locales, nacionales e incluso internacionales para conseguir el amparo jurídico que nos permita seguir adorando a Dios. Pero nuestra aspiración no es realizar reformas sociales, sino, más bien, “defender y establecer legalmente las buenas nuevas”, tal como indicó el apóstol a la congregación de Filipos unos diez años después de su encarcelamiento en esa ciudad (Fili. 1:7). Y sea que nuestras gestiones tengan éxito o no, estamos decididos, como Pablo y sus compañeros, a “declararles las buenas nuevas” a todas las personas en cualquier lugar al que nos dirija el espíritu santo (Hech. 16:10).

[Notas]

*La ley romana estipulaba que todo ciudadano tenía derecho siempre a un juicio imparcial y que nunca debía ser castigado públicamente sin sentencia previa.

*** w99 15/2 págs. 27-28 Silas, una fuente de estímulo ***

Azotado y encarcelado

En Filipos, “la ciudad principal del distrito”, Silas pasó por una dura e inolvidable experiencia. Cuando Pablo expulsó un espíritu de adivinación de una esclava joven, sus dueños, al ver que habían perdido su fuente de ingresos, llevaron a Silas y a Pablo ante los magistrados de la ciudad. Allí sufrieron la indignidad de que los presentaran en público como malhechores, los desnudaran y los azotaran con varas en la plaza del mercado (Hechos 16:12, 16-22).

Esos azotes no solo constituían un temido castigo que probaba hasta el límite el aguante humano, sino que, en el caso de Pablo y Silas, fueron también ilegales. ¿Por qué? Porque la ley romana establecía que no podía azotarse a ningún ciudadano romano. Pablo tenía la ciudadanía romana, y es probable que también la tuviese Silas. “Después de haberles descargado muchos golpes”, encarcelaron a Pablo y a Silas y les aseguraron los pies en el cepo. Este era un “instrumento horrible —explica Gustav Stählin—, en el que podían separarse las piernas del preso tanto como se quisiera a fin de que no pudiera dormir”. Sin embargo, como a la mitad de la noche y con las espaldas cubiertas de dolorosas heridas, “Pablo y Silas estaban orando y alabando a Dios con canción” (Hechos 16:23-25).

Esto nos dice algo sobre la personalidad de Silas. Se sentía contento porque estaban sufriendo por causa del nombre de Cristo (Mateo 5:11, 12; 24:9). Este fue seguramente el mismo espíritu que permitió a Silas y a sus compañeros, en su anterior misión a Antioquía, animar y fortalecer eficazmente a la congregación, de modo que sus compañeros cristianos se regocijaran. El gozo de Pablo y Silas debió aumentar cuando un terremoto los liberó milagrosamente de la prisión y ayudaron al carcelero, que quería suicidarse, y a su familia, a poner fe en Dios (Hechos 16:26-34).

Ni los azotes ni la cárcel intimidaron a Pablo y a Silas. Cuando se ordenó su liberación, no salieron de Filipos con la cabeza gacha, como esperaban los magistrados. Antes bien, pusieron en su lugar a aquellas autoridades arrogantes y arbitrarias. “Nos fustigaron públicamente sin ser condenados, a nosotros que somos hombres romanos, y nos echaron en la prisión; ¿y ahora nos echan fuera secretamente? —preguntó Pablo—. ¡No, por cierto!, antes, que vengan ellos mismos y nos saquen.” Temiendo las consecuencias, los magistrados se vieron obligados a solicitarles que partieran de la ciudad (Hechos 16:35-39).

Después de dejar claros sus derechos como romanos ante las autoridades, Pablo y Silas accedieron a la solicitud de los magistrados, no sin antes despedirse de sus hermanos. Según lo que ya era característico en toda su gira misional, Silas y su compañero “animaron” de nuevo a los hermanos y partieron (Hechos 16:40).

Comentarios de la biblia del diario vivir:

16.22-25 A Pablo y Silas los desnudaron, golpearon, azotaron y pusieron en el cepo del calabozo de más adentro. Ultrajados por esta triste situación, alabaron a Dios, orando y cantando, de manera que los otros prisioneros los oyeron. No importa cuál sea nuestra situación, debemos alabar a Dios. Otros pueden entregarse a Cristo por nuestro ejemplo.

16.24 Los cepos se hacían de dos pedazos grandes de madera unidos con abrazaderas de hierro, dejando agujeros lo bastante grandes para los tobillos. Las piernas de los prisioneros quedaban transversalmente al madero inferior. Algunas veces se insertaban también tobillos y muñecas. Pablo, que no cometió crimen alguno y que era un hombre pacífico, le colocaron en cepos designados para los prisioneros más peligrosos y que requerían seguridad absoluta.

16.27 El carcelero desenvainó su espada para matarse porque los carceleros tenían la responsabilidad de sus prisioneros y debían dar cuenta si llegaban a escapar.

16.30, 31 La reputación de Pablo y Silas en Filipos era bien conocida. Cuando el carcelero descubrió su verdadera condición y necesidad, lo arriesgó todo para encontrar la respuesta. Las buenas nuevas de salvación de los cristianos se expresa de manera simple. Crea en el Señor Jesús y será salvo (véanse Rom_10:9; 1Co_12:3; Eph_2:8-9; Phi_2:11). Cuando reconocemos a Jesús como el Señor y le confiamos toda la vida, obtenemos la salvación de manera segura. Si usted nunca ha confiado en Jesús para su salvación, hágalo ya. Su vida se llenará de gozo, al igual que la del carcelero (Phi_16:34).

Comentario Bíblico Mundo Hispano:

Pero los dueños, gravemente perjudicados en sus ingresos, arrastraron a Pablo y Silas a la presencia de los jueces. En la acusación contra los misioneros, apelando a un cargo más efectivo, los inculparon de andar sembrando la inquietud con su predicación de costumbres e ideas religiosas extrañas, que al pueblo romano no era lícito recibir ni practicar. También a eso añadieron los amos que ambos predicadores eran judíos. Los judíos gozaban en aquel entonces de amplia tolerancia en el imperio romano; sin embargo es cierto que en algunos lugares no se hacía caso de tales privilegios. De todos modos no les era permitido hacer proselitismo entre los romanos. Así pues, se les acusó de actividades proselitistas. La acusación pretendía excitar el prejuicio de la gente y de los gobernantes, y su plan tuvo éxito.

Después de la pena de los azotes, Pablo y Silas son encarcelados y sometidos a una vigilancia especial, con los pies bien sujetos en el cepo. Normalmente los calabozos se cavaban en la roca al borde de la colina en la cual estaba construida la ciudadela. La perspectiva era terrible, pues los así encadenados sólo podían estar echados en el suelo, o a lo mejor sentados; y en esta ocasión se daba el agravante de que tenían el cuerpo totalmente llagado por los azotes. Más adelante, como a algo que le ha quedado muy grabado, aludirá Pablo a estos sufrimientos en Filipos (ver 1Th_2:2).

(6) Conversión del carcelero de Filipos,1Th_16:25-40. Este evento representa un clímax y es uno de los pasajes claves de Los Hechos. ¿Cómo puede ser salvo un pagano? Seguramente este carcelero de Filipos no poseía ninguna orientación en el judaísmo. Sólo unas pocas mujeres se reunían para orar, y no hay evidencia de una sinagoga en la ciudad. Se encuentra aquí el primer caso absoluto de una conversión gentil fuera del paganismo y aparte de la influencia judía.

Los samaritanos eran en parte israelitas y reverenciaban la Tora; los convertidos prosélitos habían abrazado completamente el judaísmo; el eunuco etíope y Cornelio eran temerosos de Dios y anteriormente habían sido estudiantes de judaísmo, como fueron otros ganados al cristianismo a través de las sinagogas. Pero aquí es un pagano cuya salvación es por pura fe en el Señor Jesús, sin la influencia de la circuncisión ni de la sinagoga. Ahora el último grupo había sido alcanzado; hasta el fin del mundo, no tanto geográfica sino teológicamente. En Gal_3:8 Pablo escribe: Y la Escritura, habiendo previsto que por la fe Dios había de justificar a los gentiles, anunció de antemano el evangelio a Abraham, diciendo: En ti serán benditas todas las naciones.

A pesar de los malos tratos y del dolor, Pablo y Silas no se sienten desgraciados (ver 5:41); por el contrario, se ponen a orar, y a eso de la medianoche su oración se cambia en un canto de alabanza a Dios, hasta tal punto que los demás prisioneros se despiertan y los escuchan maravillados. Sobrevino entonces de improviso un terremoto que sacudió los cimientos del edificio y soltó las cadenas que unían a los prisioneros a las paredes. No cabe duda que Lucas presenta este terremoto como algo milagroso, de modo parecido a lo que sucedió en 4:31, pues un terremoto ordinario no abre puertas y suelta grillos. El terremoto despertó al carcelero, quien corrió hasta la prisión porque era responsable con su propia vida por los prisioneros. Al observar las puertas abiertas supuso que se habían escapado todos los prisioneros. Al momento de querer suicidarse la voz de Pablo desde el interior de la prisión detuvo su acción. Pablo le informó que ningún prisionero había huido.

La pregunta del carcelero penetró hasta el punto clave: Señores, ¿qué debo hacer para ser salvo? (v. 30). La respuesta, Cree en el Señor Jesús y serás salvo (v. 31), si valía para este hombre, sería válida para cualquier hombre. Probablemente sabía que aquellos dos se habían presentado como enviados de Dios para anunciar a los hombres la salud eterna (es posible que hasta hubiera oído la predicación de Pablo), y estaba dispuesto ahora a prestar fe a sus palabras. En el curso de esa noche, él y toda su familia recibieron suficiente instrucción en la fe cristiana y se bautizaron. Lo interesante acerca de este hombre es que inmediatamente confirmó y probó su conversión por medio de hechos. Habiéndose convertido a Cristo lavó las heridas en las espaldas de los dos prisioneros y les dio de comer. En este momento su cristianismo se expresó en el acto de bondad más práctico. La disposición de los judíos a comer en la casa de un gentil y la actitud del carcelero, que cambió de un superior a la de un siervo para con los prisioneros, indica la transformación tremenda que produjo el evangelio.

La ley romana prohibía claramente el azotar en público a los ciudadanos romanos. Los magistrados habían pasado por alto un juicio justo para Pablo y Silas. Así es como en Jerusalén, el oficial que quería someter a Pablo a la flagelación se guardó de hacerlo tan pronto este alegó su condición de ciudadano romano (22:29). Pero, ¿por qué Pablo no quiso apelar también en esta oportunidad a su ciudadanía romana, e impedir así el verse sometido al castigo? No lo sabemos. Quizá, en circunstancias análogas, renunció también a hacer valer sus derechos (ver 1Co_6:7). En esta ocasión, después que la turba se apaciguó y los magistrados se tranquilizaron, Pablo envió un mensaje a los oficiales diciendo que ellos eran ciudadanos romanos y habían sido tratados injustamente. Dándose cuenta de la seriedad de su ofensa, los magistrados rogaron a los apóstoles que se fueran de Filipos.

Lucas no nos informa de cuántos miembros de la iglesia estaban reunidos en el hogar de Lidia. Cuando los apóstoles entraron en la casa, habiendo visto a los hermanos, les exhortaron y luego partieron (v. 40).

Aunque Lucas había entrado con Pablo y Silas al lugar de oración (v. 13), él no fue llevado cautivo ni encarcelado. El usa pronombres en tercera persona (él, ellos) en vez de primera (yo, nosotros) para describir la experiencia de Pablo y Silas en la cárcel. Después de que el grupo partió de Filipos, Lucas continuó usando pronombres en tercera persona (1Co_17:1). Aparentemente, Timoteo se fue con Pablo y Silas, pero Lucas se quedó para cuidar de la joven iglesia.

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